Por: Sophie G

Si algo me aburre es que el sexo se reduzca a la penetración. Hay una cosa, chicos, que deberían saber: el acto de penetrar despojado de cualquier otro ingrediente, es tan primitivo y arcáico como el tabú de algunas chicas.
Hace algunos días, tuve sexo con Carlos, un moreno guapo, alto y robusto, de contextura fibrosa y maneras muy viriles. Cuando entramos a mi apartamento, luego de una noche de copas en que me la había pasado muy bien, me arrojó boca abajo sobre el sofá y sin siquiera quitarme la minifalda, se dispuso a tomarme.
Mis facciones delicadas se transformaron en las de una fiera, y en un movimiento rápido -e inesperado para él- quedé mirándolo a la cara, con un taco a punto de enterrarse en su entrepierna.
El gesto entre lascivo y soberbio de Carlos se transformó en desconcierto: “Pero…dijiste que esta noche podría hacer con tu culo lo que yo quisiera!”
“Claro que sí”-repliqué yo-“pero omitiste algo importante: siempre y cuando te lo ganes”.
Caminé hacia mi alcoba y busqué en el armario a mi gran aliado: un arnés con vibrador, que a veces usamos entre amigas. Cuando aparecí de nuevo en el living con el juguete, los ojos de Carlos se desorbitaron. Divertida, sentencié: “O me tratas como me gusta, o voy a tener que enseñarte”.
De más está decir que, esa noche, tuve el mejor sexo anal de mi vida.

A continuación, te cuento algunas de las cositas que Carlos me hizo, para que practiques con tu chica:

Juegos Previos
Antes de la penetración es clave un rico precalentamiento. Aplícale un buen masaje anal que ablande la zona. Introduce un dedo, luego dos para expandir poco a poco la cavidad de su ano. Notarás como se empieza a lubricar.

Lubricación
La zona deberá estar completamente húmeda y lubricada para que puedas introducirte en ella. Si con sus fluidos no alcanza para deslizarte con comodidad, usa un gel íntimo. Si quieres intensificar aún más las sensaciones, prueba el gel con efecto calor: sentirás que tu miembro literalmente arde dentro de su cuerpo.

Bajo el agua
Una placentera ducha de a dos es una excelente invitación a hacerlo bajo el agua. Imagina sus cuerpos envueltos en vapor, mientras ella aferrada a los grifos te ofrece su culo mientras suplica que te detengas. Enjabona su trasero y juega con tus dedos preparándola para tus embestidas. Verás lo rico y mojado que se siente

El Sofá
Es perfecto para una sesión de sexo anal. Ella se arrodilla de espaldas a ti y se reclina hasta tomarse del respaldo. Tú, de pie, te tomas de sus nalgas y comienzas a embestirla con fervor, mientras ella acompaña el vaivén de tu pelvis.

Sé salvaje
No te pongas rudo con ella…a menos que realmente lo disfrute. Si te da luz verde, dile lo más sucio que se te ocurra, dale algunos pellizcos y cuando esté alcanzando el orgasmo, procúrale unas buenas nalgadas.

Punto G
Aún cuando la acción está toda por detrás, reserva una mano para su botón del placer. La estimulación doble hará que alcance el climax mucho más rápido.

Paciencia
Ten en cuenta un dato: el recto no tiene el mismo poder de expansión que la vagina, técnicamente no es un músculo para ser penetrado aunque, claro, algunos audaces nos animamos a desafiar las leyes de la naturaleza. Entonces, hay que hacerlo con paciencia y cuidado, al menos las primeras veces. Con la práctica, te aseguro que ella olvidará que alguna vez dolió.

Ritmo
Al principio, penétrala con movimientos cortos y suaves hasta que su cola se amolde al grosor de tu miembro. Sólo cuando sus fluidos te bañen y consigas entrar sin dificultad, recién ahí irás a fondo, aumentando el ritmo y la profundidad de tus arremetidas hasta darle un orgasmo explosivo.

Pórtate bien mal, y no te olvides de contarme cómo te fue!

Hasta la próxima!

XOXO

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